Ahora, sentada en el borde de unos ojos de gato, unos enormes ojos de gato, que me miran como si yo ya apenas existiese, acaso en forma de mitad, de descuido... por fin entiendo que la música de la vida, la tocan dos instrumentos de viento que van armoniosamente a destiempo.
miércoles, 6 de junio de 2012
La vida, como un comentario de otra cosa que no
alcanzamos, y que está ahí al alcance del salto que no damos.