martes, 3 de julio de 2012

A propósito de una evidencia

... y el recuerdo es ausencia y la añoranza no es. 
El deseo de morir al lado y la tentación de existir.  Todo suele entrelazárseme por estos torpes torbellinos que a veces me gritan la dolorosa evidencia: quieren danzar al mismo ritmo, quieren agarrárseme con la misma intensidad, que tus tormentas, que los maremotos que regalabas, tan gratuitamente, y con los que yo inundaba mi cuerpo y regaba mi nada. 
Era doloroso querer seguir bailando sin música, querer seguir cantando sin voz. Es doloroso que eso no haga menos doloroso desear haberme ido. Haber parado de danzar. Danzar sola, danzar con otros.
Vuelvo a Cioran, vuelvo a "La tentación de existir". 
Vuelvo a esas siete de la tarde a redescubrir que perezco en ese yo que asumo, a leerte "llevar un nombre es reivindicar un modo exacto de hundimiento". Vuelvo a temblar de la sensación de poder de la que se reviste este sentirme tan tan tan insegura, tan conquistada. 

Y este instante en el que acojo en mi presente ese escalofrío que hacías nacer es mi afirmación más rotunda, más bella, del pasado. Y es también, sí, es también mi despedida. Es el adiós de las existencias retrospectivas.

"el horizonte dibujó un barco, el barco surcó un mar, ay de ti y de mí que en tierra hemos quedado, en tierra que no es de dos...".