¿Quién soy yo cuando estoy sintiendo? ¿Qué es lo que muero cuando soy?.
SÍ! ¿Qué es lo que muero cuando soy?
Y así, me invita Pessoa (o yo misma me sirvo de otro para sacar algo más mío)
a preguntarme la misma cuestión.
¿Cuánto de mí muere mientras me arrastro a vivir? Hay una parte de mí, temo que una gran parte de mí, que agoniza entre cajones olvidados mientras yo (que casi siempre ingenuamente me creo completa) salgo a comerme los instantes que me aguardan, también semivacíos.
Esa parte nunca me llama ni requiere mi auxilio. Puede que por despecho, porque tenga constancia de que nunca acudiría a su llamada, o simplemente porque, del mismo modo que mi consciencia, está inmersa en esa pirámide de ignorancia que ningún ser humano pretende escalar, con vistas a que nos sea permitido el simple hecho de existir sin tener que traficar con nuestro ser íntimo y último a cada día que pasa.
El no elegir, la no acción… la pasividad a fin de cuentas. Todo encogerse de hombros y prolongar la quietud del alma, por un lado condición detestable, nos salva,
por otro, de ahondar en quiénes éramos, quiénes somos,
y qué fantaseábamos llegar a ser.
Nadie soportaría espejos tan nítidos que nos desnudasen a los ojos los esqueletos de nuestros paisajes de interior.
Mueren miles de nuestras personalidades bajo nuestro empeño simplista y puramente Occidental de que el hombre sólo es uno, indivisible y constante. O simplemente bajo el pensamiento de que el hombre ES, con toda la contundencia de tal afirmación.
Escuché, no recuerdo dónde, que el hombre es sólo un sueño de Dios, él nos sueña,
y sólo existiremos en medida de que siga soñando.
Así, hemos aprendido a rezarle, y cada rezo es una canción de cuna,
para que nunca despierte.
Yo no rezo. No sé si por eso existo más, o soy a cada minuto mucho menos.
Y lo cierto es que no me inquieta el no saberlo.
Ahora, sentada en el borde de unos ojos de gato, unos enormes ojos de gato, que me miran como si yo ya apenas existiese, acaso en forma de mitad, de descuido... por fin entiendo que la música de la vida, la tocan dos instrumentos de viento que van armoniosamente a destiempo.
miércoles, 31 de agosto de 2011
domingo, 28 de agosto de 2011
olvido-muerte
Como un pasado de mármol,
al igual que estas estatuas, este jardín tallado en piedra,
este hotel con sus abandonadas habitaciones,
estas congeladas figuras en silencio, en una larga muerte sin duda, que todavía guarda los pasillos por los que caminé hacia ti, entre dos hileras de rostros,
siempre inerte, congelado, vigilante, indiferente, hacia ti,
quizás todavía vacilante... como seguir viendo el umbral de este jardín.
L'annèe dernière à Marienbad - Resnais.
lunes, 22 de agosto de 2011
En cierto modo, te has regalado mi intimidad, que sólo a mí me pertenece,
aunque lo más indignante sea precisamente que no me indigne.
Y en cierto modo, nos desquiciamos en este amor tan físico que (no somos Tomek)
no nos llevará al fin y al cabo a cortarnos las venas.
no nos llevará al fin y al cabo a cortarnos las venas.
Antes por querer mucho menos, ahora porque desearíamos un poco de tiempo más.
Y ya me temo que al final acabe siendo, con todo, una "solitaria promiscua" llena de lo que tú piensas que sólo son basuras nostálgicas. Convertirme en eso, o no amar.
Total, ninguna opción me va a resultar muy favorable. Pero estoy hasta los narices de las despedidas sentimentales, y triste y harta harta harta de despedirme sin ganas.
No amarás (qué díficil)
Y ya me temo que al final acabe siendo, con todo, una "solitaria promiscua" llena de lo que tú piensas que sólo son basuras nostálgicas. Convertirme en eso, o no amar.
Total, ninguna opción me va a resultar muy favorable. Pero estoy hasta los narices de las despedidas sentimentales, y triste y harta harta harta de despedirme sin ganas.
No amarás (qué díficil)
sábado, 6 de agosto de 2011
Tendido, bien caliente, en la oscuridad,
es cuando mejor penetro en la falsa turbulencia del mundo exterior.
Sitúo en ella a la criatura que me entregan,
y hallo sosiego en la absurda miseria ajena.
Lejos del mundanal ruido, de su agitación, de sus mordeduras y de su lúgubre claridad, lo juzgo, juzgo a quienes como yo, están irremisiblemente sumergidos en él,
y a quien tiene necesidad de ser liberado lo libero.
Yo, que no sé liberarme a mí mismo.
es cuando mejor penetro en la falsa turbulencia del mundo exterior.
Sitúo en ella a la criatura que me entregan,
y hallo sosiego en la absurda miseria ajena.
Lejos del mundanal ruido, de su agitación, de sus mordeduras y de su lúgubre claridad, lo juzgo, juzgo a quienes como yo, están irremisiblemente sumergidos en él,
y a quien tiene necesidad de ser liberado lo libero.
Yo, que no sé liberarme a mí mismo.
Molloy - Beckett
lunes, 1 de agosto de 2011
Nos volvemos esfinges, aunque falsas, hasta el punto de no saber ya quiénes somos, porque, por lo demás, nosotros lo que somos es esfinges falsas
y no sabemos realmente lo que somos.
El único modo de estar de acuerdo con la vida es estar en desacuerdo
con nosotros mismos. Lo absurdo es lo divino.
Establecer teorías, pensándolas paciente y honestamente, sólo para después actuar contra ellas - actuar y justificar nuestras acciones con teorías que las condenan.
Trazar un camino en la vida y acto seguido actuar en contra de seguir ese camino.
Tener todos los gestos y todas las aptitudes de algo que ni somos ni pretendemos ser
ni pretendemos ser tomados como siéndolo.
Comprar libros para no leerlos; ir a conciertos para no oír la música
ni ver a los otros asistentes; dar largos paseos por estar harto de andar
e ir a pasar unos días al campo sólo porque detestamos el campo.
y no sabemos realmente lo que somos.
El único modo de estar de acuerdo con la vida es estar en desacuerdo
con nosotros mismos. Lo absurdo es lo divino.
Establecer teorías, pensándolas paciente y honestamente, sólo para después actuar contra ellas - actuar y justificar nuestras acciones con teorías que las condenan.
Trazar un camino en la vida y acto seguido actuar en contra de seguir ese camino.
Tener todos los gestos y todas las aptitudes de algo que ni somos ni pretendemos ser
ni pretendemos ser tomados como siéndolo.
Comprar libros para no leerlos; ir a conciertos para no oír la música
ni ver a los otros asistentes; dar largos paseos por estar harto de andar
e ir a pasar unos días al campo sólo porque detestamos el campo.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
