Pienso en los corazones en los que hace tanta soledad que las palabras se suicidan, en las palabras en las que hace tanto vacío que las letras se apresuran a mudar a otro significado más íntimo.
Y pienso en ese camino que no me acogerá de vuelta, en esa ciudad en la que fui eternamente joven y en la que permanecen heridos mis días más ingenuos, los que se daban a la vida por entero, los plenos, los únicos, que ahora ya no lloro por si su herida fuera ya de muerte y estuviera llorando imposibles.
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