martes, 8 de noviembre de 2011

Sí, pensar, maniatar ideas, construir castillos con ladrillos de vapor de tu penúltimo aliento: salir por la ventana aunque la puerta haya estado siempre abierta. Pensar (perderle el miedo a las alturas).

Pienso en los corazones en los que hace tanta soledad que las palabras se suicidan, en las palabras en las que hace tanto vacío que las letras se apresuran a mudar a otro significado más íntimo.
Y pienso en ese camino que no me acogerá de vuelta, en esa ciudad en la que fui eternamente joven y en la que permanecen heridos mis días más ingenuos, los que se daban a la vida por entero, los plenos, los únicos, que ahora ya no lloro por si su herida fuera ya de muerte y estuviera llorando imposibles.

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