es cuando mejor penetro en la falsa turbulencia del mundo exterior.
Sitúo en ella a la criatura que me entregan,
y hallo sosiego en la absurda miseria ajena.
Lejos del mundanal ruido, de su agitación, de sus mordeduras y de su lúgubre claridad, lo juzgo, juzgo a quienes como yo, están irremisiblemente sumergidos en él,
y a quien tiene necesidad de ser liberado lo libero.
Yo, que no sé liberarme a mí mismo.
Molloy - Beckett
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