Tú me tocas.
Yo te toco.
Empieza este juego ancestral del llano placer.
Empiezo a despejarme y a dejar en la ropa esparcida por el suelo
las abstinencias cotidianas que agrian el carácter.
Desnuda.
Y no estoy derrotada, sino que empiezo a gobernar verdaderamente en mí.
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