lunes, 14 de noviembre de 2011

Las estrellas viven de un fuego que las hace vivir y a la vez las devora; su vida es una agonía radiante puesto que ellas alimentan sus resplandores con la combustión de sus propias entrañas, es decir, que mueren de vida hasta su muerte irreversible.
Así ocurre con nosotros, animales, mamíferos, primates, humanos, que vivimos por la regeneración permanente de nuestras células y moléculas a partir de su muerte y destrucción. Así ocurre con nuestras sociedades que se regeneran educando a generaciones nuevas mientras mueren las viejas.
-Vivir de muerte, morir de vida- había enunciado Heraclito.
Bichat definía la vida como el conjunto de funciones que resisten a la muerte. Hay que completar y dialectizar su enunciado: la vida se resiste a la muerte utilizando la muerte. Hay a la vez lucha mortal y copulación entre Eros y Thanatos.

Por nuestras actuales y crecientes conversaciones trasnochadas de la ética en lo colectivo, la ética en el impulso individual, la ética que es ética y la ética que inventa serlo, acabo cogiendo libros como el de Edgar Morin que me aclaren un poco el tema del que hablo desde casi la total ignorancia.
Pero al final, me he quedado con la paz de la metáfora, que sólo da lugar a la concesión del respiro tras el retorcerse de las ideas, porque no creo que la metáfora, al fin y al cabo, sea menos profunda que una tesis kilométrica, si está bien expresada y encierra "bastante del todo" en apenas nada.
Y me quedo en la metáfora porque me saca de tanto callejón sin salida en las conversaciones que solucionarían el mundo y nos devolverían el bucle individuo-especie-sociedad (rescate de la humanidad de la humanidad) si acabara en conclusión y propuesta, y no en interesante anécdota.

martes, 8 de noviembre de 2011

Sí, pensar, maniatar ideas, construir castillos con ladrillos de vapor de tu penúltimo aliento: salir por la ventana aunque la puerta haya estado siempre abierta. Pensar (perderle el miedo a las alturas).

Pienso en los corazones en los que hace tanta soledad que las palabras se suicidan, en las palabras en las que hace tanto vacío que las letras se apresuran a mudar a otro significado más íntimo.
Y pienso en ese camino que no me acogerá de vuelta, en esa ciudad en la que fui eternamente joven y en la que permanecen heridos mis días más ingenuos, los que se daban a la vida por entero, los plenos, los únicos, que ahora ya no lloro por si su herida fuera ya de muerte y estuviera llorando imposibles.

domingo, 30 de octubre de 2011

Perdido ya el miedo a las alturas.. :-)

Después de corrernos, no me marcharé corriendo.
Me quedaré otro ratito, junto a ti, perdiendo el tiempo.
Después de corrernos, no encenderé un cigarrito.
Fumo poco últimamente, y sólo fumo tus besos.

Me quedaré otro ratito con el silencio de tus ojos,
junto a ti, mirando al techo.
Sólo se escucha a lo lejos ese camión de la basura,
haciendo su ronda nocturna.

Después de corrernos no me quedaré dormido,
pues nada más bonito, que soñar contigo, despierto.
Después de corrernos no iré a hacer un pis ni iré a lavarme,
no oiré el teléfono ni el timbre, me quedaré contigo para siempre.

Me quedaré otro ratito con el silencio de tus ojos,
junto a ti, mirando al techo.
Sólo se escucha aquí cerquita, ese rugido de mis tripas,
y en el tejao, un gatito, le va maullando a la luna.
El camión de la basura; Albert Plá.

miércoles, 28 de septiembre de 2011

Mis amantes me ahogan.
Oprimen sus labios y se agolpan en los poros de mi piel,
me empujan por las calles y salas de reunión,
vienen desnudos a mí, de noche,
gritan de día ¡eh! desde las rocas del río,
se balancean y cantan sobre mi cabeza.
Me llaman por el nombre desde los jardines, viñedos y la intrincada maleza,
o mientras nado durante mi baño, o bebo en la bomba de la esquina,
o cuando el telón ha bajado en la ópera,
o echo una ojeada a la cara de una mujer en el coche del tren;
irrumpen en todos los momentos de mi vida,
besan mi cuerpo con besos dulces y balsámicos,
pasando sin ruido puñados de su corazón
y dándomelos para que yo los haga míos.

Hojas de hierba; Walt Whitman.

lunes, 19 de septiembre de 2011

En honor a la verdad

Soy más que sexo,
y menos que el amor.

El insomnio de una calle iluminada,
un pájaro enjaulado,
tras las flores de un balcón.

Soy más que una mera circunstancia,
y mucho menos que un adiós.

Cada mujer soñada por Hopper,
respirando inútiles aires de espera,
en la desnuda habitación.

Pero se acaba, se ha acabado.
No apetecen más pinturas sin color.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

apología del yo contradictorio

Sus disputas y sus desacuerdos no son en ellos mismos más que un confuso estrépito de batalla que no puede aturdir a quien tenga el cerebro libre y el corazón piadoso.
Vida o muerte, enfermedad y salud, espíritu y naturaleza,
¿son contrarios? ¿son eso problemas?.
Lo irrazonable de la muerte se desprende de la vida; si no, la vida no sería vida, y la posición del homo dei se halla en el centro, con la falta de razón y con la razón, de la misma manera que su posición está entre la comunidad mística y el individualismo inconsciente.
Eso es lo que veo desde mi columna.
El hombre es el dueño de las contradicciones, éstas existen gracias a él y,
por consiguiente, es más noble que ellas.

La montaña mágica; Thomas Mann.

sábado, 3 de septiembre de 2011

Tú me tocas.
Yo te toco.
Empieza este juego ancestral del llano placer.
Empiezo a despejarme y a dejar en la ropa esparcida por el suelo
las abstinencias cotidianas que agrian el carácter.
Desnuda.
Y no estoy derrotada, sino que empiezo a gobernar verdaderamente en mí.