jueves, 21 de julio de 2011

Mis sábanas, mi pelo, mi ropa te buscan a ti.

Porque no creo que haya en el mundo nadie más a quien ame.

Razones,Bebe.

domingo, 17 de julio de 2011

Tú nunca morirás; McEnroe. :)

La vida suena en este lugar,
en el olor de la hierba que acaban de segar.
En el calor de tus manos antes de llamarme,
en canciones que inventa tu risa de cristal.
Y esta noche, esta noche... esta noche la oirás.

La vida se esconde en este lugar.
Como un beso olvidado que esperas recordar.
Y el silencio en tu cuerpo antes de llamarme.
Y en su voz que me grita: tú nunca morirás.
Y esta noche, esta noche... esta noche la oirás.

La vida suena en este lugar.

lunes, 11 de julio de 2011



Agresivamente,
todos defendemos el papel que jugamos.
Lamentablemente,
los tiempos vienen para mandarte a tu camino.

Hemos visto todo:
fogatas de confianza
inundaciones de miedo.

Realmente no tiene importancia.
No te preocupes, todo funcionarà.
No, no tiene importancia.
No te preocupes, no todo se trata de eso.

Esperamos que hayas disfrutado tu estancia.
Es bueno tenerte con nosostros,
aunque sea sòlo por el dia.
Esperamos que hayas disfrutado tu estadìa
Afuera el sol està brillando,
es como si el cielo no estuviese tan lejos.

Es bueno tenerte con nosostros,
aunque sea sólo por un día.

domingo, 3 de julio de 2011

Proceso,desliz.

Te pido que me aclares, que me convenzas.
Entonces me hablas del pecado (?) que es lo que me brilla en los ojos,
me dices que el pecado sólo aguanta en el cuerpo hasta que se comete y después ya no ha sido pecado, ni siquiera atrevimiento.
Me dices que en realidad, los únicos pecados reales son los que no llegan a ocurrir,

que los únicos pecados son los de la mente.
Entonces: el beso.

A la noche, tumbada en la cama, repaso punto a punto la conversación, me estanco en estas frases y empiezo a pensar que las he escuchado alguna otra vez. No, las he leído. Muy parecidas. Hace años.

Subo a la estantería y bajo con el libro a cuestas, segura de que allí te encontraré de nuevo, y me devoro el libro, febrilmente.
Y allí está, lo que me has dicho:

"Que el cuerpo peque una vez, y se habrá librado de su pecado, porque la acción es un modo de purificación. Después no queda nada, excepto el recuerdo de un placer o la voluptuosidad de un remordimiento. La única manera de librarse de la tentación es ceder ante ella.
Se ha dicho que los grandes acontecimientos del mundo suceden en el cerebro. Es también en el cerebro, y sólo en el cerebro, donde se cometen los grandes pecados".

Entonces estalla el rodar de la conciencia: he estado hablando con un pequeño Wilde más callejero y moderno. Me he quedado atrapada entre palabras. ¿Puede ser? En las palabras de un presuntuoso que se mira en el reflejo de las fuentes. Un Narciso. Eres su personaje.

Me estoy enamorando de Dorian Gray a sabiendas de su parte oscura,
de su sonrisa cruel. Te escribo a las tantas, con fiebre, ¡con pavor! y te escribo tan extraño... que el hecho de que contestes como si lo que yo he escrito fuera medio normal, casi como si lo hubieras esperado, me pone aún más nerviosa.
Me dices que cuanto he tardado en descubrirlo, me escribes:
"cuanto tiempo has tardado en apartar el biombo".

¿Entonces sabes perfectamente de lo que hablo? ¿Es que me entiendes?.
Me desarropo acalorada y ya no pegaré ojo en toda la noche.

lunes, 27 de junio de 2011

Retengo mi lugar en la cumbre de esta angelical escala del sentido común.
En cuanto a la felicidad establecida, doméstica o no... no, no puedo.

¿Qué mentiras debo sostener?


Una temporada en el infierno

viernes, 24 de junio de 2011

Soñé irme lejos y lejos y lejos,
a cada paso alejarse más,
a cada paso un estar cerca menos.
El sueño se me escapaba y daba

la vuelta al mundo y yo regresaba,
con otro cuerpo, a mi punto de huida.

A escuchar la muerte de los niños y el maullar de los gatos, a caer en los pistilos, en las ramas,

en el arsenal inmenso de los olores a ropa tendida y a iglesia antigua.

Con las rodillas partidas,
los ojos apagados y el corazón lleno de humo, apretado contra ambas manos,
dispuesta a sembrarlo en esta tierra estéril de la que el hombre imagina el fruto,
en estos páramos yermos de mi infancia del sur en la que siempre inventé flores
donde sólo hubo vacío.
Yo sé de los cielos que estallan en rayos,
y de las trombas y de las resacas y de las corrientes:
¡yo sé de la tarde, del alba exaltada como un pueblo de palomas,
y he visto alguna vez eso que el hombre ha creído ver!


El barco ebrio; Rimbaud.