Ahora, sentada en el borde de unos ojos de gato, unos enormes ojos de gato, que me miran como si yo ya apenas existiese, acaso en forma de mitad, de descuido... por fin entiendo que la música de la vida, la tocan dos instrumentos de viento que van armoniosamente a destiempo.
viernes, 24 de junio de 2011
Yo sé de los cielos que estallan en rayos, y de las trombas y de las resacas y de las corrientes: ¡yo sé de la tarde, del alba exaltada como un pueblo de palomas, y he visto alguna vez eso que el hombre ha creído ver!
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