Ahora, sentada en el borde de unos ojos de gato, unos enormes ojos de gato, que me miran como si yo ya apenas existiese, acaso en forma de mitad, de descuido... por fin entiendo que la música de la vida, la tocan dos instrumentos de viento que van armoniosamente a destiempo.
lunes, 27 de junio de 2011
Retengo mi lugar en la cumbre de esta angelical escala del sentido común. En cuanto a la felicidad establecida, doméstica o no... no, no puedo.
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