Ahora, sentada en el borde de unos ojos de gato, unos enormes ojos de gato, que me miran como si yo ya apenas existiese, acaso en forma de mitad, de descuido... por fin entiendo que la música de la vida, la tocan dos instrumentos de viento que van armoniosamente a destiempo.
lunes, 6 de junio de 2011
En el primer tiempo del vals estás sola pero ya sonríes.
En el primer tiempo del vals estoy solo pero te diviso.
Y París que lleva el compás, París que mide nuestra emoción.
Y París que lleva el compás, me murmura muy bajito...
Un vals a tres tiempos, que se ofrece así pase el tiempo,
para regalar recodos al amor ¡mira qué encantador!
Un vals a mil tiempos que espera pacientemente veinte años,
para que tú tengas veinte años, para que yo tenga veinte años.
Un vals a mil tiempos que ofrece sólo a los amantes,
trescientas treinta y tres veces de crear un amor.
En el segundo tiempo del vals, estamos los dos, tú estás en mis brazos,
contamos los dos juntos, uno, dos, tres.
Y París que lleva el compás, París que mide nuestra emoción.
Y París que lleva el compás, ya nos empieza a tararear...
Un vals a tres tiempos, que se ofrece así pase el tiempo,
para regalar recodos al amor ¡mira qué encantador!
Un vals a mil tiempos que espera pacientemente veinte años,
para que tú tengas veinte años, para que yo tenga veinte años.
Un vals a mil tiempos que ofrece sólo a los amantes,
trescientas treinta y tres veces de crear un amor.
En el tercer tiempo del vals, por fin los tres valseamos.
En el tercer tiempo del vals, estás tú, está el amor y estoy yo.
Y París que lleva el compás, París que mide nuestra emoción.
Y París que lleva el compás, deja por fin estallar su alegría.
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