Ahora, sentada en el borde de unos ojos de gato, unos enormes ojos de gato, que me miran como si yo ya apenas existiese, acaso en forma de mitad, de descuido... por fin entiendo que la música de la vida, la tocan dos instrumentos de viento que van armoniosamente a destiempo.
miércoles, 18 de mayo de 2011
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Siento afuera, la brisa suave del otoño. Siento adentro, un diluvio salvaje de tormenta.
Tengo un adentro y un afuera en discrepancia. Pero soy posible.
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