martes, 29 de marzo de 2011

La tribulaciones del estudiante Törless. III

Una vez, hallándose con su padre frente a un paisaje, él había exclamado: ¡qué hermoso! y se había turbado cuando el padre se alegró de la exclamación, pues del mismo modo habría podido decir: "es tremendamente triste".
Era una falla de las palabras lo que le atormentaba.
Una conciencia a medias de que las palabras no eran sino subterfugios, pretextos fortuitos de lo que uno sentía.
Y hoy recordaba aquel paisaje, recordaba aquellas palabras, y tenía aquel claro sentimiento de mentir sin saberlo.

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